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Julio Romay, un vecino apasionado por la historia de San Martín

Vive en La Alameda y es autor de libros sobre el prócer. Conocé su investigación sobre la historia de las tierras donde hoy es Nordelta.

“Vivimos en tierras sanmartinianas”, dice Julio Romay, vecino de La Alameda. Y es que lo que hoy es Nordelta y toda la zona, incluso hasta Escobar, fueron parte de los campos de Ángel Pacheco, integrante de peso del Regimiento de Granaderos a Caballo que fundara el general José de San Martín.

Julio es investigador e historiador sanmartiniano. También es contador público y especialista en impuestos, trabajo que desarrolla en un puesto regional de una multinacional del área tecnológica. Pero su pasión es todo lo que tenga que ver con la historia del general San Martín.

San Martín volvió al país en 1812. Días después de su arribo a Buenos Aires, creó el Regimiento de Granaderos a Caballo. Ángel Pacheco nació en 1793 y fue uno de los primeros cadetes en sumarse al recién formado cuerpo militar.

En aquel año de 1812 había constantes ataques realistas en las costas bonaerenses, desde Zárate y San Nicolás hasta Las Conchas, hoy Tigre. Para prevenirlos, el Triunvirato a cargo del gobierno nacional encargó a San Martín y sus granaderos la custodia de las costas. Ese fue el origen del que sería el bautismo de guerra del regimiento, el Combate de San Lorenzo, del cual participó Pacheco, militar que luego acompañaría a San Martín en toda su gesta, incluso en Chile y Perú.

Un destino sanmartiniano

“Soldados de San Martín en San Lorenzo. Hechos y aspectos inéditos” fue precisamente el primer libro en el que trabajó Romay, en 2012. Julio es miembro de la Asociación Cultural Sanmartiniana Gral. Don Ángel Pacheco y cursó la Diplomatura Sanmartiniana en Conducción y Liderazgo dictada en la Escuela Superior de Guerra de las Fuerzas Armadas. También es un pionero de Nordelta; compró el lote de La Alameda donde vive en 1999: “Fui uno de los primeros 20 compradores en la preventa”, recuerda. Se mudó en 2004, cuando se casó.

Julio dice que estaba predestinado a su pasión sanmartiniana. Fue al jardín de infantes Merceditas San Martín y al colegio General José de San Martín, ambos en Castelar. Cuando recién aprendió a leer, su primer libro fue “Los grandes inventos”; cuando lo terminó, le pidió a su padre que le diera otro, y el elegido fue “El Santo de la Espada”.

“Siempre me interesó la genealogía, desde que en el colegio nos hicieron hacer una vez un árbol genealógico de nuestras familias —cuenta—. Cuando tenía algo más de 30 años, me contacta una persona que había detectado en su propio árbol genealógico que éramos familiares remotos, y que ambos éramos descendientes de Julián Corbera, un oficial que combatió en San Lorenzo”. El nombre de Corbera aparece documentado específicamente en el parte de guerra que San Martín envió al Superior Gobierno tras la batalla, donde destaca y agradece formalmente su valor y el patriotismo demostrado en el campo de batalla.

A partir de ese dato, Julio comenzó a investigar la vida de Corbera, y luego la historia del Combate de San Lorenzo, recorriendo el Archivo General de la Nación (AGN), el Archivo Mitre y otras fuentes históricas. En ese trabajo contactó a otro investigador apasionado por el tema con quien coincidieron en que había muchos datos erróneos en lo que se había publicado sobre esos hechos. Y así nació “Soldados de San Martín”, en coautoría, publicado justo antes del segundo centenario de la batalla.

Pasión por la historia

“Este tipo de investigaciones lleva mucho tiempo, esfuerzo y dinero”, cuenta Julio. Recuerda, por ejemplo, el tiempo en que trabajaba en una empresa en la zona sur, cuando al regresar, muchas veces se bajaba de la combi en el Obelisco, y antes de tomar la otra que lo traía a Nordelta, se iba al AGN con su máquina de fotos a sacar copia de miles de documentos que hoy atesora en su casa.

De esos documentos, precisamente, surgió su segundo libro: “Juan Bautista Cabral, el héroe afrodescendiente. La historia inédita de su raza”. Romay documentó que el hombre que salvó a San Martín en San Lorenzo era hijo de una pareja de raza negra, algo que hasta ese momento no se sabía. “Es uno de los capítulos más conocidos de la historia de nuestro país; San Martín mismo escribió que las últimas palabras del granadero fueron ‘Viva la Patria, muero contento por haber batido a los enemigos’, pero no se conocía su ascendencia, el peso de su raza en nuestra historia. Lo investigamos con un colega de Saladas, la localidad donde nació Cabral”. El libro se publicó en 2023.

Romay también colaboró en el libro “General José de San Martín, vivo en el corazón de su pueblo”. Publicó una “Agenda Sanmartiniana”, donde cada semana va acompañada de una frase del héroe, así como una reseña año por año de la década que San Martín vivió en el país desde su regreso hasta su partida a Francia. Y es autor de numerosos trabajos y artículos sobre la gesta de San Martín.

Volviendo a la genealogía sanmartiniana de las tierras donde hoy está Nordelta, Romay investigó quiénes fueron sus propietarios desde la Colonia: Juan de Garay las otorgó a Ruiz de Ocaña, que luego las cedió a López Camelo. En 1840 pasan a ser propiedad de Ángel Pacheco, cuando éste volvió de hacer toda la epopeya libertadora junto a San Martín. Al fallecer Pacheco, en 1869, quedan en manos de sus herederos, que las fueron subdividiendo. A ellos se las compró en los años 70 Julián Astolfoni, cuando comenzó a soñar el proyecto de la ciudad que hoy es Nordelta.

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